Omar Navo presenta su más reciente libro esta noche, aquí en Hermorrancho, y en CS les damos una probadita nomás pa que vean de qué color tiñe el verde


Huipas: The Yoremes Born Killers

Andar por los caminos enseña mucho.

Juan Rulfo

“El mentado Leonardo Huipa ese venía a N los domingos a hacer los oficios religiosos con los fiesteros. Mi amá contaba que le gustaba mucho agarrar en los brazos a mi hermano Rosario cuando estaba chiquito”. Empezó por decir Queta Ruiz. “De haber sabido que Leobardo era uno de los Huipas, nunca hubiera dejado que agarrara a mi hijo; ay no, Dios mío…”. Remató imitando la voz de

 su madre ya fallecida hace más tres décadas. 

El libro de Los Huipas descansaba sobre la mesita de centro de la sala. Nadie lo hojeó. Estuvo ahí puesto a propósito en la cocina de la casa de mamá, a donde se recibe a las visitas. Queta soltó esa anécdota al mirar de reojo la portada. Si hubiera hojeado el libro se habría sorprendido al enterarse que Leonardo solía acudir a tomar sangre humana junto a los Huipas a la casa de Eusebio Yocupicio. Queta se hubiera asustado más aún.

El asunto de los Huipas en el Valle del Mayo es todo un espacio de silencio incómodo después de mencionarlo: se cree que por la sola remembranza de los homicidios que cometieron, estos podrían resurgir. O peor, que alguien se interese por ellos y los quiera imitar.

Una vez que comenté el plan de ir a recorrer en bicicleta la ruta que anduvieron los Huipas, donde vivieron, las veredas que fueron testigos silenciosos de la muerte de sus víctimas; los escuchas me lanzaron miradas inquisitivas y lacónicos comentarios de extrañeza. 

Óscar recomendó tomar una desviación hacia la derecha llegando a la comunidad de La Escalera, hasta la entrada del Riito Mazaray. Él trabajó de tractorista por esos terrenos; alguien le contó parte de la historia. “Hay una ‘huertita’ de mangos. Antes en esa parte había un Álamo grande; dicen que los Huipas ahí colgaron a uno. Derribaron el árbol porque a la gente le daba miedo”.

Tenía que hacer esa ruta

No rodaba en bicicleta por el camino principal de N desde antes que lo pavimentaran. Pasaron las cosechas y las tierras a los lados de la vereda lucían agrestes y con la gavilla del cártamo y el trigo aún enredados entre terrones ocres. Parece otro planeta, o que estalló una bomba.

Desde los pies y a cada pedalazo se recupera la memoria. Es temprano por la mañana: el sol es joven y el mundo pareció nuevo; el camino no es el mismo; el pueblo cambió, la cabecera municipal y los poco más de dos kilómetros que la separan de N no son lo mismo que hace 30 años.

Salió un bostezo enorme cuando paré a tallarme los ojos en la encrucijada de caminos que se ubica en medio de Huatabampo y N. La madrugada anterior, terminé de leer el libro de los Huipas, del autor José Luis Laguna Duarte. Debieron ser la una y media al concluirlo. Quedé azorado por los homicidios cometidos por esa banda de indígenas mayos. Así, pensativo, mirando al techo, asustado -¿por qué no?-, la puerta de mi habitación se abrió de repente y mamá sobresaltada preguntó si me pasaba algo… Nada ¿por qué? Es que claramente escuché que me gritabas, como si te estuvieran haciendo algo y necesitaras ayuda. Carajo. Después de esto, el sueño llegó hasta las cuatro de la madrugada.

(…)

Omar Gámez Navo

El corrido de los Huipas

Segunda edición

Pinos Alados

Mexicali

2022

Precio por ejemplar: $150.00 moneda nacional, con el autor (https://www.facebook.com/omar.navo) o en librerías Pequebú e Hypatia en Hermosillo

 

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